La economía sumergida en España alcanza cifras alarmantes y escandalosas. A pesar de que, al
estar sumergida, es difícil su cuantificación, las diferentes estimaciones que se realizan presentan similitudes razonables.
Podemos entender (
RAE) la economía sumergida como la actividad económica practicada al margen de los cauces legales, sin figurar en los registros fiscales ni estadísticos.
Por su parte,
Wikipedia señala ejemplos como la prostitución, los trabajadores sin contrato, las trabajos a domicilio sin factura (tales como arreglos de fontanería, electricidad, etc.) en los que no se paga el IVA. También podrían entrar en esta categoría los sobornos, diversos tipos de
regalos (a cambio de información, influencias, etc.), las mafias, piratería, las propinas, la mayoría de los gremios, talleres clandestinos, comercio ambulante, la venta de sustancias ilegales, etc. Existen numerosas acepciones en el habla popular para designar esta economía:
pagar bajo cuerda o
pagar bajo la mesa, fuera de los libros (de contabilidad),
pagar en B.
Suele ocurrir, tradicionalmente, que cuando la situación económica se deteriora, la actividad económica se sumerge más. Si el dilema es entre que una empresa sobreviva ocultando facturas y pagando salarios en B, o liquidarla, la respuesta de muchos empresarios parece clara:
Para salir adelante, valen algunas trampas.
En los últimos meses la tentación de empresas y trabajadores de dar el salto a la economía sumergida no para de crecer en España. La crudeza de la recesión, junto con las rigideces fiscales y administrativas que sufren las empresas y la aversión a pagar impuestos, pesan bastante.
¿Qué hace la Administración Tributaria al respecto?
Desde hace unos años (2005) la Agencia Tributaria puso en marcha el Plan de prevención del fraude fiscal, calificándolo como: una necesidad, en la medida en que el fraude distorsiona la actividad de los distintos agentes y condiciona el nivel de calidad de los servicios públicos y las prestaciones sociales, y al tiempo una demanda de la sociedad, por lo que representa de insolidaridad, tal y como se pone de manifiesto en las encuestas del CIS. Por otra parte, los comportamientos defraudatorios suponen una merma para los ingresos públicos, lo que afecta a la presión fiscal que soportan los contribuyentes cumplidores puesto que de otra forma no se podría mantener el gasto público.
No parece que existan dificultades en visualizar profundamente relacionados e interdependientes los términos de
economía sumergida y fraude fiscal. No obstante, consideramos que acertadamente, desde la Asociación Española de Asesores Fiscales (AEDAF) se viene reprochando en estos planes de la Agencia Tributaria:
la escasa claridad conceptual en torno a la idea de fraude. Parece difícil elaborar unas líneas de actuación pública sobre la prevención del fraude fiscal sin aclarar antes qué se entiende por tal. Frecuentemente se suele identificar fraude con cantidad no pagada o pagada de menos a la Hacienda Pública.
En este sentido, entendemos que la planificación fiscal, orientada a la optimización de la carga tributaria devengada y a pagar, resulta, además de un derecho del contribuyente, una obligación de la gestión empresarial.
Si nos centramos en la cuantificación más reciente de esta situación, tendríamos -por una parte- las cifras de un estudio presentado, el día 14 de este mes, por
Pimec en Barcelona apuntando que un descenso de la economía sumergida española hasta el
nivel medio de los principales países europeos crearía 2,5 millones de empleos regulados. Según el informe:
El paro en España y en las principales economías europeas, la economía sumergida en España representa alrededor del 23% del PIB, 10 puntos superior a la media de los 15 primeros países de la UE.
Por su parte, la organización de
Inspectores de Hacienda del Estado (IHE), coincidiendo con la celebración del XIX Congreso Anual, presenta las cifras del fraude fiscal cuantificando, con una claridad meridiana, el montante del referido fraude en 280.000 millones de euros, a razón de 70.000 millones por año como mostramos en la siguiente tabla.

La citada asociación de IHE además señala algunos indicios, que parecen ilustrativos, a la hora de cifrar la situación del fraude fiscal-economía sumergida en España:
- Porcentaje de dinero en efectivo en circulación relación con el PIB.

- Volumen de billetes de 500 euros.

Según estas últimas cifras aportadas por los Inspectores de Hacienda del Estado, el 30% de los billetes de 500 euros emitidos (en la zona euro) están en nuestro país, representando estos billetes el 64% del dinero en efectivo en circulación en España.
Y, para concluir, adelantaros que en la segunda parte de esta entrada, que completaremos en los próximos días, nos gustaría mostrar la opinión de los españoles en relación con este asunto.
¿Qué pensamos del fraude fiscal?. Esperamos vuestras opiniones.
Entradas relacionadas:
Imagen: Actualidad Económica.
readmore »»