El outsourcing o la externalización de tareas (procesos) viene siendo desde hace tiempo una de las estrategias más utilizadas por las empresas (grandes y pequeñas) para el control y reducción de sus costes.
Podríamos describir el outsourcing de forma breve de la siguiente forma:
- Transferencia de la propiedad de un proceso de negocio a un proveedor
- Uso de recursos exteriores para realizar actividades tradicionalmente ejecutadas internamente
- Estrategia de administración mediante la cual una empresa delega la realización de ciertas actividades a empresas altamente especializadas.

Existe una gran variedad de trabajos, teorías y experiencias acerca de cómo implementar adecuadamente un proyecto de externalización. Basta con solicitar el catálogo de servicios de cualquier empresa consultora, para comprender lo avanzado que se está en los conocimientos del proceso de externalización. No obstante, nos interesa una cuestión mucho menos analizada, como es la incidencia de los proyectos de externalización en los estados de flujos de efectivo, es decir, indagar qué efectos de naturaleza financiera, en términos de efectivo, supone el desarrollo del outsourcing.
Uno de los responsables de la firma de las más relevantes en proyectos de outsourcing (Jo Deblaere Director global de) Accenture Outsourcing señala que:
Al mejorar la motivación de la plantilla, reducir el tiempo en que se absorben las adquisiciones y acelerar el ciclo de ventas, la externalización puede ayudar no sólo a reducir costes sino también a incrementar el capital circulante y aumentar los ingresos. El outsourcing es mucho más que un simple recorte de gastos; es útil también para generar liquidez y acelerar la entrada de ingresos. Esto es cierto para las empresas de todo el mundo y lo es también para las empresas españolas.

Es evidente que la aportación de la externalización considerada a los flujos de efectivo, puede generalizarse en la reducción de gastos, aceleración de ingresos y generación de liquidez. No obstante, pretendemos focalizar la atención en las implicaciones en el Estado de Flujos de Efectivo (EFE), documento contable que muestra ordenados y categorizados los flujos de efectivo, generados por la empresa en un periodo de tiempo considerado.
Como referente para ubicar suficientemente el papel de protagonista del EFE en el diseño, planificación y control de la situación financiera de la empresa recogemos una relación, la más reciente que conocemos, de sus utilidades (Julio Diéguez Soto, Revista de Contabilidad y Tributación, núm. 66/2009):
- En la evaluación de la capacidad de la empresa para generar flujos de efectivo y equivalentes al efectivo, o en la previsión de los mismos.
- En la evaluación de la viabilidad, liquidez y solvencia que tiene la empresa.
- En la determinación de la política de dividendos a llevar a cabo.
- En la estimación de la capacidad de la empresa para pagar los intereses y el principal de las deudas, así como para reducir o incrementar su endeudamiento. En otros términos, en la evaluación de la capacidad para satisfacer obligaciones externas según vencen y sus necesidades de financiación externa.
- En la evaluación de los efectos que sobre la posición financiera de la entidad tienen las actividades de inversión y financiación, tanto las que suponen movimientos de tesorería como las que no.
- En la búsqueda de correlación entre los ingresos y gastos –determinados según el devengo–, y los cobros y pagos –determinados según el principio de caja–.
- En el conocimiento del patrón seguido por la empresa en la generación y empleo de los recursos líquidos, así como en la evaluación de la capacidad para modificar tanto los importes como las fechas de cobros y pagos, a fin de adaptarse a la evolución de las circunstancias y a las oportunidades que se puedan presentar –adaptabilidad o flexibilidad financiera–.
- Para comprobar la exactitud de evaluaciones pasadas respecto de los flujos futuros, así como para examinar la relación entre rendimiento, flujos de efectivo netos, y el impacto de los cambios en los precios.
- En la comparabilidad de la información sobre el rendimiento de las operaciones de diferentes empresas, puesto que elimina los efectos de utilizar distintos tratamientos contables para las mismas transacciones y sucesos económicos.
Se anunciaba, con anterioridad, la tradicional clasificación de los flujos de efectivo en flujos de actividades de explotación, de actividades de inversión y de actividades de financiación.
Por ello, consideramos que los proyectos de outsourcing podrán incidir en el EFE, según mostramos en la tabla siguiente, separando entre la corriente real (C Real) y la corriente financiera (C Financiera) de las respectivas operaciones.

Es evidente que entre los procesos a externalizar, por parte de las empresas, podrán encontrarse operaciones de las tres categorías de flujos enunciadas, por ello, entendemos que la gestión de las mismas orientada a la creación de valor y optimización de los flujos de efectivo correspondientes será, en nuestra opinión, la estrategia a seguir.
A continuación mostramos, para concluir por esta entrada, una relación a título de ejemplo de operaciones que, correlacionando adecuadamente la corriente real (devengo) y financiera (cobros-pagos), generarán flujos de efectivo. En próximas detallaremos estas operaciones y aquéllas susceptibles de propiciar flujos de inversión y de explotación.

Y, por último, recogemos una nota de humor sobre la externalización (Álvaro Camuñas, BNP Paribas).

Más información:







1 comment
Se puede contratar una externalización solo para mejorar los flujos de efectivo.
Gracias
Sonia
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